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Angula, el épico viaje del mar de los sargazos a las costas españolas – Por Luis Moreno Maldonado

La angula (Anguilla anguilla), alevín de la anguila, inicia su vida a más de seis mil kilómetros de nuestras costas. Es en el mar de los Sargazos donde este fascinante animal nace y curiosamente morirá muchos años después, en caso de sobrevivir a los muchos peligros que la acechan. Hay varias razones que imposibilitan a las angulas remontar los ríos hasta convertirse en anguilas: depredación por parte de los innumerables seres vivos marinos que la incluyen en su dieta, desde quisquillas hasta lubinas, contaminación de las aguas, pesca abusiva o la proliferación de embalses, presas y centrales hidroeléctricas.

Desde hace millones de años, el mar de los Sargazos es el lugar elegido por la anguila para reproducirse, sin que la ciencia haya podido averiguar el porqué. Algunos científicos apuntan a que cuando el continente europeo y el americano estaban mucho más cerca elegían este mismo lugar. A pesar de que la distancia se ha hecho tremendamente mayor, continúan eligiendo esta zona marítima. Corresponde a una región un tanto difusa del océano Atlántico septentrional puesto que el único límite terrestre que lo baña son las islas Bermudas. Sus otros límites son las distintas corrientes oceánicas tales como la corriente del golfo, la corriente del Atlántico norte y las corrientes ecuatoriales. Es una zona caracterizada por la ausencia de vientos y la abundancia de plancton y algas y lugar que los navegantes procuraban evitar ante la reiterada desaparición de barcos de vela. En el caso de que las corrientes desplacen estas larvas hacia el este, una vez llegadas a nuestras costas, se convertirán en anguilas europeas. Este viaje constituye uno de los más misteriosos e increíbles del mundo animal, ya que han nadado a casi 1000 metros de profundidad por el día y a 300 por la noche. Si, por el contrario, la corriente las desplazara hacia el oeste, serán anguilas americanas (Anguilla rostrata). Este viaje es mucho más llevadero. Estas larvas de las anguilas llamadas leptocéfalos (Leptocephalus brevirostris), con forma de hoja alargada y cabeza minúscula, emprenderán un viaje heroico de entre dos a cuatro años de duración agrupados en cardúmenes (enormes bancos). Cuando llegan a nuestras costas han cambiado su morfología, han reducido su anchura y longitud, han adoptado una forma serpentiforme de color transparente y ya se han convertido en angulas. Una sola hembra de anguila está en disposición de desovar en las aguas profundas de este mar millones de huevos entre los meses de marzo y junio.

Una vez en las costas, remontarán los ríos y vivirán en ellos atravesando incluso tramos de tierra para buscar alimento o sortear obstáculos que les impidan continuar su viaje río arriba por el agua. Los machos prefieren quedarse en los estuarios o en la parte baja de los ríos, pero las hembras no se detienen y continúan corriente arriba incluso hasta los valles montañosos. A medida que se alimentan, aumentan de tamaño, se vuelven opacas con una tonalidad amarillo-verdosa y se convierten en anguilas. Al cabo de varios años, en el caso de los machos entre 6 y 12 años y las hembras entre 9 y 20 años, alcanzan su madurez sexual. Es en este momento cuando aquellas que han conseguido sobrevivir, se adentran de nuevo en el océano Atlántico y comienzan el viaje de manera inversa. Irán nuevamente al mar de los Sargazos, donde después de una nueva y fascinante travesía, llegarán al lugar que las vio nacer para desovar y a continuación morir.

El lugar idóneo para la pesca de este minúsculo pez y del que hacen falta unas 3.500 unidades para hacer un kilo, es la confluencia de la playa con los ríos. Tradicionalmente, en Asturias se pesca a pie, mientras que en el País Vasco es frecuente ver a los pescadores en embarcaciones. Los utensilios que se precisan son el cedazo, el caldero y una linterna para ver si en la levantada hay algún ejemplar. Con jornadas que rara vez bajan de las 5 horas y en noches de “oscurada” (de cuarto menguante a cuarto creciente), es conveniente cambiar la posición acercándose más al rio y alejándose de la playa según la marea va subiendo. Es ventajoso que el mar esté algo bravo, con algo de marejada, puesto que estos alevines de anguila aprovechan el oleaje para desplazarse, normalmente pegadas a la orilla del cauce. Aquellas que superen la playa y remonten el río, se enterrarán en la arena, el fango o debajo de las piedras durante el día y continuarán remontando el río por la noche. Este es el motivo por el que la angula de río tiene una tonalidad más negra en el lomo. La temporada se extiende de noviembre a febrero, aunque tanto los periodos como las licencias disminuyen año a año debido a la continua disminución de la cantidad de angulas que llegan a nuestras costas. Los datos son irrefutables, en 1978 se capturaron más de 59.000 kg de angula en Asturias, en 2013, poco más de 3.550 kg. Expertos en el sector afirman que no sería extraño que en unos 10 o 15 años se prohíba por completo su pesca, como es el caso de Francia y Portugal. Ningún otro ser marino se puede pescar sin llegar a su madurez. También se puede encontrar angula en las costas valencianas, catalanas, gallegas y andaluzas.

Una vez finalizada la pesca, se las introduce en un cubo con agua y a la mañana siguiente se llevan a la rula (lonja). En el caso de Asturias hay dos, la de Ribadesella y la de San Juan de la Arena. Una vez en la lonja, y siempre vivas, se las saca del agua, se apartan las impurezas y se procede a su pesaje para así pagar al pescador. Las rulas provistas de viveros para su conservación en vivo son las que posteriormente las distribuyen a restaurantes, pescaderías y mayoristas.

Tradicionalmente, el método más empleado para matar las angulas consiste en una infusión de agua dulce con hebras de tabaco negro, a razón de 8 pitillos por kilo. Tardan entre 10 y 15 minutos en morir y se observa una merma en el peso en torno al veinte por ciento. Posteriormente se lavan con agua dulce más de media docena de veces, con un cubo y un colador, para limpiarlas de una mucosidad gelatinosa que ellas mismas segregan. Se finaliza el proceso cociéndolas unos 15 segundos. Es en este momento cuando ya están listas para su consumo y adquieren el color con el que las conocemos pues hasta este momento eran transparentes. Hay, sin embargo, otros procedimientos para su sacrificio.

El origen de la pesca de la angula en Asturias data de los años 60 donde era frecuente que muchas personas bajaran a la playa para pescarlas. No fue hasta el comienzo del siglo presente cuando se regularon las capturas y se introdujeron las licencias para poder pescarlas.

La época dorada de la pesca de la angula se sitúa en los años 80 cuando no era raro que un solo pescador recolectara 6 u 8 kg, dándose el caso contrastado de un pescador que se hizo con 42 kg en una sola jornada. En esa época, rara era la sidrería o bar que no tuviera entre su oferta una cazuela de angulas al no ser su precio casi prohibitivo, como lo es ahora.

El precio de la angula varía dependiendo de la cantidad que entra en la lonja y de las fechas. En Navidad, por ejemplo, es más cara. El precio subió exponencialmente cuando países asiáticos como China y Filipinas comenzaron a importarla en grandes cantidades, sobre todo a principios de siglo. Su objetivo no era comérselas, sino criarlas en sus viveros y alimentarlas hasta que alcanzan la madurez. Una vez convertidas en anguilas se las venderían a Japón, gran consumidor de este milenario animal. Se llegan a pagar hasta 2.000 euros por kg en destino. Desde que la Unión Europea prohibió la exportación de angula fuera de sus fronteras, no es rara la detención de personas en aeropuertos costeros españoles porque llevan en sus maletas angulas vivas en bolsas de plástico herméticamente cerradas para su venta y sin ningún tipo de control sanitario.

La forma más habitual de comer la angula es a la bilbaína: en cazuela de barro con aceite, ajo, guindilla y servida muy caliente. Otra manera de comerla, que cada vez tiene más adeptos, es en ensalada, en la cazuela de barro se mezcla aceite de oliva virgen extra, zumo de limón y un diente de ajo previamente restregado por la cazuela. También, con un huevo frito por encima o en tortilla. Los amantes de este manjar acuático alaban su textura y su sutil sabor.

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